Turner, un pintor inglés

EL PINTOR DE LA LUZ

Fue bautizado como el pintor de la luz, ya que el color es su mejor medio de expresión y su capacidad para capturar la luminosidad

Joseph Mallord William Turner (Londres 1775-1851) estudió en la Royal Academy of Art, de la que fue elegido miembro en 1802 con tan sólo catorce años de edad. Inicialmente su interés artístico residía en la arquitectura pero poco después se decantaría por la pintura convirtiéndose con el tiempo en uno de los más determinantes autores del paisajismo inglés (no sólo con óleo sino también con acuarela ya que se le considera el fundador de la paisajística inglesa a acuarela) junto a Constable. Fue bautizado como el pintor de la luz ya que el color es su mejor medio de expresión y su capacidad para capturar la luz en sus formas más variadas queda patente en cualquiera de sus obras.

Su interés por la pintura surgió cuando trabajaba para un arquitecto especialista en acuarelas, su interés por la apariencia de la realidad y el modo de observación constituyeron su atracción fundamental. Era amigo de tomar esbozos y notas que le ayudarían a la reconstrucción mental de los paisajes que había explorado anteriormente de manera visual y a los que parece trasladarnos esa fuerza lumínica que irradian sus pinturas.

Posiblemente el carácter melancólico de Turner, claramente transportado a sus lienzos en muchas ocasiones, deriva de las frecuentes crisis depresivas de su madre que finalmente murió en un hospital psiquiátrico, episodio que marcó claramente su forma de ser.

Inicialmente tiende a un colorido brillante y juegos de luz en la que parece que ésta se difumina de una manera que escapa a la vista; para, finalmente, mostrar los objetos que retrata como si fuesen masas sin una forma determinada pero llenos de color cuya forma simbólica sugiere una imagen poética. En sus últimos años, empleó cada vez menos óleos, y se centró en la luz pura, en los colores del reflejo. Desde 1807 Turner se interesa especialmente por el color y por el empleo de fondos blancos para los cielos y el agua, otorgando así mayor luminosidad a los tonos claros.

En 1791 obtiene un premio de dibujo de la Royal Academy de Londres gracias a un paisaje. Hecho que le condujo a inclinarse definitivamente por esa temática. Más tarde le llegarán encargos para los que deberá hacer numerosos viajes por Inglaterra con el fin de realizar un gran número de obras demandadas entre otros por una buena parte de la aristocracia londinense. También le llegan favorables críticas por sus acuarelas que estaban empezando a ser muy famosas entre la nobleza y que le van a reportar una pequeña fortuna y un estatus de cierto privilegio entre esa clase social que le servirá como publicidad añadida para dar a conocer sus obras. Esto le permitió innovar de manera novedosa y le convirtió en el pintor predilecto de la realeza e incluso del gran público.

Sus últimas pinturas fueron calificadas de puzzles fantásticos porque la luz parecía dotar de forma a los objetos trasladados al lienzo desde su peculiar percepción de la luz en la naturaleza.

Esta fama vendrá acompañada de su contratación como profesor de perspectiva por parte de la Royal Academy entre los años 1811 y 1828. Precisamente la perspectiva será una de las características que definen sus trabajos. Alrededor de 1820 algunos de sus cuadros irán acompañados de poemas bien de él o de sus poetas predilectos, lo que constituirá un modo interesante y original de unir el arte de la poesía con el de la pintura.

Pasó por Turín, Milán, Venecia, Roma y Nápoles, dedicándose a copiar obras de algunos maestros clásicos, especialmente Tintoretto. En Roma fue nombrado miembro de la Academia de San Lucas. Gracias a los pintores extranjeros residentes en la Ciudad Eterna, Turner se puso en contacto con los maestros del Quattrocento: Mantegna, Masaccio, Botticelli, Piero, etc. No obstante según la crítica es reconocido como el artista que mejor refleja las caricias de la naturaleza y las consecuencias de ésta en el espacio que nos rodea. Catástrofes naturales, fenómenos atmosféricos, hundimientos en alta mar, y todo lo que refleja el poder de la naturaleza sobre el hombre, a quien Turner consideraba como un peón en ella.

Su inspiración más inmediata reside en Rembrandt (de quien captará los contrastes entre luces y sombras), Poussin, Claudio de Lorena y Dughet, pintores de los que obtendrá la sobriedad clásica. Los pintores renacentistas crean en él una gran influencia que se verá reflejada en sus trabajos, muchos de los cuales son verdaderos homenajes a dicha etapa pictórica.

Tras conocer a Delacroix, viaja a Venecia, ciudad que le cautivará de un modo especial y en donde contemplará las mejores muestras de color y luz emitidas por la naturaleza, así como un equilibrio en los matices. Será la ciudad de los canales la que inspirará un número considerable de obras gracias a esas atmósferas llenas de color y poesía.

Turner dejó una generosa fortuna que deseó que fuera invertida en ayudar a lo que él llamaba artistas desmoronados. Su legado se traduce en 320 óleos y más de 19.000 acuarelas y esbozos que se encuentran en un edificio anexo a la Tate Gallery, la llamada Clore Gallery.

En 2005 el Temerario fue escogido como el mejor cuadro inglés en una votación pública organizada por la BBC. En abril de 2006, Christie’s sacó a su basta un cuadro con una vista de Venecia por 35,8 millones de dólares americanos, marcando un nuevo récord para Turner.