Salinger, el eterno guardián

LA GENIALIDAD TAMBIÉN VENDE

Muchos autores habrían matado por parir una obra que se convirtiese en todo un clásico de la literatura moderna nada más ver la luz de su publicación, en 1951. ‘El Guardián entre el Centeno’ es una obra de culto…

…y al mismo tiempo un best-seller del que se han vendido en todo el mundo millones de ejemplares.

Jerome David Salinger fue un escritor aislado del mundo que le rodeaba. Tímido y solitario, casi un ermitaño, enemigo de la fama, rechazó entrevistas (desde 1980) y ser fotografiado. Nos ha dejado a los 91 años, el 28 de enero de 2010, de muerte natural. La literatura es desde ese día un poco más huérfana.

De él se han dicho muchas cosas: que espanta a escopetazos a todo aquél que se acerca a su propiedad en Cornish, New Hampshire, que se bebía su propia orina, rara vez tenía relaciones sexuales con su esposa a la que tenía prácticamente cautiva y a la que negaba toda visita, que según su hija Margaret A. Salinger en la biografía ‘El Guardián de los Sueños’, no es el hombre brillante, sensible, lleno de inteligencia, sentido del humor y sentimiento tragicómico de la vida que se adivina en sus libros, sino más bien lo contrario; un egoísta sin sensibilidad, machista que hizo sufrir a sus mujeres y las abandonó en cuanto disentían, un tipo capaz de convertir a su familia en una secta, un iluminado entregado sin acierto a hacer de su vida su gran obra. Como en muchas otras biografías, el libro de su hija oscila entre la admiración de una obra y el rencor por su manera de ser. Licenciada cum laude en Derecho, Margaret nos refleja en esta biografía escrita a espaldas de su padre, una infancia desarrollada entre el sueño del padre perfecto y el padre diabólico, ataques de pánico, un hijo con salud delicada y cinco abortos. Según cita Margaret: “Para mi padre, tener algún fallo es motivo de repulsión, tener un defecto es ser un desertor, un traidor. No me extraña en absoluto que su mundo esté tan vacío de personas reales ni que sus personajes de ficción se suiciden tan a menudo. Una vida dedicada a soñar, a estar lejos de la realidad, según la creencia mística de que todo es maya, ilusión; pero a la vez una vida llena de dolor, susceptibilidad y necesidad de los otros.” Aunque en el fondo admite lo que late dentro de su padre, el talento: “Me parece que ésta es la parte de su obra que llega tanto al público que le adora y que tanto me desconcertaba a mí: esa necesidad intensa de una persona andando por el borde de un precipicio’ (idea en la que se basa El Guardián…) Mi padre se ha pasado la vida escribiendo cosas bellas.

Lo relativo a su vida privada nunca lo sabremos. Lo que sí es cierto, en cambio, es que Salinger o Sonny o incluso Jerry como era llamado en su infancia, es un escritor perteneciente a la generación perdida, movimiento literario surgido alrededor de los 20 en Estados Unidos caracterizado por la atmósfera de desesperanza, angustia y pesimismo vitales de la que toman aire los autores en la búsqueda de “la verdad”. La indagación de conductas y personalidades con las que más de uno se sentirá identificado en medio de la lectura de cualquiera de estas obras. En fin, volvamos al principio.

Salinger nace en Manhattan, Nueva York, el 1 de enero de 1919, y es el segundo hijo (su hermana Doris nace en 1911) del matrimonio entre Marie Jilich, católica de origen irlandés, y Sol Salinger, polaco judío que había emigrado con la finalidad de dedicarse a la venta de alimentos. El hecho de ser sólo medio judío le produce una crisis religiosa que primeramente pasa del judaísmo al cristianismo, de ahí a las enseñanzas de Yogananda, a la dianética e incluso a la Cienciología. Poco destacable como estudiante, sí en cambio se dedica a escribir relatos desde temprana edad. Estudia en la academia militar de Valley Forge, Pennsylvania tras pasar por varias universidades como Columbia, Ursinus y New York. En este periodo publicaría dos capítulos de lo que sería el futuro Guardián, ‘I’m Crazy y Slight Rebellion Off Madison’ antes de intervenir en la Gran Guerra llegando a ser graduado como sargento y participar en el desembarco de Normandía donde arreglaría un encuentro con Hemingway al que admira. Tras esta etapa algunos de sus relatos serían publicados en The New Yorker como ‘For Esme, With Love and Squalor’ narrado por un soldado traumatizado, en el que plasma sus experiencias bélicas de las que regresa con una depresión desmedida tal y como poseen algunos de sus personajes. Un estrés postraumático que serviría de base a otras historias como ‘Un Día Perfecto para el pez Banana’ sobre un ex soldado suicida. En 1945 se casa por vez primera con Sylvia, que conoce en Alemania, de la que se divorciaría tan sólo ocho meses después y de la que más tarde, en 1972, recibiría una carta que rompe sin siquiera abrir tras no haber oído nada de ella desde su separación. En 1955 sus segunda nupcias tienen lugar con Claire Douglas, hija del crítico de arte Robert Langdon Douglas, con quien tiene a su hija Margaret y a su hijo Matt, actor de cine. Más tarde también se divorcia de Claire y se retira definitivamente de la vida pública. Su tiempo lo llenan el budismo Zen, la homeopatía y el visionado de películas clásicas y series de televisión de las que es un adicto confeso. Se vuelve vegetariano y se pasa a la Iglesia de la Cienciología. Su tercera esposa es una enfermera llamada Colleen, cuarenta años menor que él.

En 1988, consigue retirar del mercado una biografía escrita por Ian Hamilton tras ganar la pertinente demanda. No obstante otros como Joyce Maynard, que fue amante de Salinger, y Paul Alexander, también editaron sendos libros sobre su figura. Mientras, sigue escapando del público y preservando su anonimato y oscuridad, las propiedades más valiosas para un escritor según palabras suyas. En fin, sobre su obra y (como diría Holden) “demás puñetas” podremos ahondar a continuación.

El 16 de Julio de 1951 es publicado ‘El Guardián entre el Centeno’ (The Catcher in the Rye). Aunque de trama simple, la novela se convierte en un éxito popular; a dos meses de su alumbramiento iba por la octava edición y dura treinta semanas en la lista de Bestsellers del New York Times. Hoy día, se siguen vendiendo en todo el mundo miles y miles de ejemplares.

En su “viaje a ninguna parte” Holden, poseedor de un agudo sarcasmo además de brillantes observaciones, se topa con las peores cualidades del ser humano: la codicia, la violencia, el vicio… Mermada su ilusión, emprende un recorrido sin rumbo fijo en busca de las respuestas que quizá sus padres, demasiado ocupados en “sus” mundos deberían haberle esbozado al principio de su existencia. Aprendiendo de sus experiencias que, aunque frustradas llenas de sabiduría, reúne fuerzas para alcanzar su propia identidad y no puede ser de otro modo que desandando lo avanzado y regresando a casa como si de un hijo pródigo, antihéroe pródigo se tratara. Su a veces pasotismo o descaro, producto de un estado juvenil de rabia, permanece tan fresco y reciente como en el día de su edición. Ese sentimiento universal acompaña ya sea a personajes de ficción como reales y se convierte en arquetipo del adolescente rebelde, incomprendido, inconformista y algo perdido que busca la verdad (aunque se proteja tras la mentira) y la inocencia en un mundo adulto hipócrita. Narrado en primera persona, tiene algo de autobiográfica tal y como admitiría en una entrevista para un periódico de instituto en 1953.

Salinger se convierte en un ermitaño tras el precoz éxito literario de la novela. La crítica lo recibe con entusiasmo, siendo bien acogida entre el público adolescente principalmente, pero también censurada. Según un estudio sobre la censura del 79, el libro más frecuentemente censurado en USA y enseñado en institutos públicos tras ‘De ratones y hombres’ de John Steinbeck. En los setenta algunos profesores se vieron forzados al despido tras recomendar y organizar trabajos literarios sobre la obra.

Tras El Guardián llegarían sus libros de relatos: ‘Nueve cuentos’ (1953), ‘Franny y Zooey’ (1961), ‘Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: Una introducción’ (1963) basadas en las peripecias de la familia Glass llena de personajes brillantes, sensibles, pero sobre todo entrañables que sitúa en una atmósfera sutil y perfectamente respirable.

Sorprendentemente, en 1997, una pequeña editorial anuncia la publicación de ‘Hapsworth 16, 1924′ también sobre la citada familia a pesar de haber visto la luz en The New Yorker en 1965, pero debido a la consiguiente publicidad su alumbramiento se pospone repetidamente. Esta novela “epistolar” es una larga carta de Seymour Glass desde un campamento de verano.
Preguntado Salinger por sus influencias, nombra a Kafka, Flaubert, Tolstoy, Dostoyevsky, Proust, Rilke, Lorca, Keats, Rimbaud, Austen, Henry James, Blake, etc ya que según él no apuntaría ningún autor vivo. En cartas de 1940 había expresado admiración sólo por tres escritores en activo o recientemente fallecidos por aquel entonces: Sherwood Anderson, Ring Lardner y F. Scott Fitzgerald del que se ha visto él mismo durante algún tiempo como sucesor.

La estela de Salinger se ha visto recogida en obras como la de W. P. Kinsella, ‘Shoeless Joe’ en la que aparece como personaje rebautizado y en la que se inspira la película Field Of Dreams. Otro libro a destacar es ‘Letters to J. D. Salinger’ (ed. Chris Kubica) de 2002 en el que se recoge una selección de más de ochenta cartas que críticos, autores e incondicionales admiradores le han remitido a lo largo de los años. Es inevitable la influencia que Salinger ejerce sobre otros escritores como Lemony Snichet (‘Una serie de Catastróficas Desdichas’) con numerosas referencias al universo de nuestro autor, y extensible a toda una generación de autores como John Updike, Harold Brodkey y Philip Roth.

A finales de los cuarenta, Salinger vende uno de sus relatos a Samuel Goldwyn para la adaptación a la gran pantalla, pero tras el fiasco cinematográfico de ‘My Foolish Heart’, protagonizada por Dana Andrews y Susan Hayward, basado en su relato ‘Uncle Wiggily in Connecticut’ no permite adaptaciones de sus trabajos a la gran pantalla. Aún así, recibe y rechaza numerosas ofertas para adaptar El Guardián, que desde su publicación había suscitado gran interés entre directores tales como Billy Wilder, Harvey Weinstein e incluso Steven Spielberg.

‘Chasing Holden’ (2001), de Malcolm Clarke y ‘Descubriendo a Forrester’ (2000), de Gus Van Sant, protagonizada por Sean Connery están basadas en la figura de Salinger.