Modigliani el pintor maldito

AL MARGEN DE TODOS

El de Amedeo Modigliani fue un mundo dominado por la melancolía, por sus numerosos amores y por sus excesos, compuestos estos por toda clase de drogas y alcohol en búsqueda de un estado de vértigo, de ebullición de ideas, de vida según él.

Amadeo “El Maldito” (Modí) como lo apodaron sus amigos artistas franceses como Cocteau, Picasso y Brancusi fue un pintor intrépido porque decidió realizar su carrera al margen de las corrientes artísticas como el cubismo y el fauvismo que imperaban en el momento que le tocó vivir. Sus influencias más marcadas fueron la pintura renacentista y el arte africano que sin duda impregna la atmósfera de sus obras.

Con catorce años se cambia de casa unas treinta veces y tras sus intentos frustrados por ser escultor debido a la tuberculosis que arrastraba desde los dieciséis años, se inclina por la pintura. Estudia arte en Florencia y Venecia. En 1906 se traslada a París y se instala en Montmartre, donde frecuenta a los artistas del famoso Bateau-Lavoir. En sus primeras obras influyen decisivamente Toulouse-Lautrec y Cézanne. Sus desnudos, atrevidos para la época por ser demasiado explícitos y contener una gran sensualidad constituyen toda una lección de amor por el arte inspirado en la belleza femenina que tanto había condicionado su vida.

Nació en Livorno, Italia, en 1884 en el seno de una familia judía, el 12 de julio y murió a los treinta y cinco años el 25 de enero de 1920. Su porte aristocrático y elegante con sus trajes de terciopelo le conferían un aire bohemio que Picasso calificó como el mejor vestido de París.

Vivió una vida intensa de la que sólo quedó su bonito cadáver y sus hermosos cuadros, casi todos ellos compuestos por motivos humanos, retratos y la mayoría de ellos de mujeres. Mujeres que desnudaba para pintar y que pintaba para desnudarlas, con las que tenía numerosos romances y relaciones de amor y de odio, algunas de las cuales se suicidaron después de que éste las dejase y una cuando desapareció de este mundo. Ésta no fue otra que Jeane Hébuterne, a la que retrató en más de veintisiete ocasiones, su gran amor, al que sin embargo nunca pintó desnuda. Se arrojó desde un quinto piso tras conocer la muerte de su amado Amedeo y llevando en su vientre el segundo fruto de su relación con el pintor.Sintiéndose amado por las mujeres, siempre rodeado de ellas, trató siempre de ahondar más allá de la carne humana creando un lienzo tras otro, prolíficos trabajos igual que prolíficos amores. Decía que «pintar a una mujer es poseerla».

Las pinturas de Modigliani, suaves y delicadas, se caracterizan por su simplificación, sus líneas sinuosas, las formas planas y las proporciones alargadas. Los rostros marcadamente ovalados le hicieron muy popular al dotar a sus obras de características inconfundibles que nos hacen hoy en día identificar de manera inmediata cualquier engendro suyo. En los retratos pintados en 1918-19 se aprecia un mayor alargamiento y estilización de las líneas y una penetración psicológica llena de melancolía así como un aclaramiento de su paleta cromática.

Las líneas oscuras que marcan los límites de las formas, casi siempre tonos planos en colores anaranjados, rosáceos y marrones heredó la influencia gótica y renacentista italiana a la que tanto deben sus dibujos y pinturas. Su mirada y expresión parecen entablar un diálogo con el espectador. Las características de su rostro parecen hacer hablar a la figura femenina.

{fotos 7}Los objetos que rodean el cuerpo son escasos y carecen de una definición tan acentuada como lo está en el cuerpo, que constituye lo más importante. El cuerpo de este ‘Desnudo echado, con los brazos abiertos’ también conocido como ‘Desnudo Rojo’ de 1917 y realizado en óleo sobre lienzo se aisla del medio que lo rodea como si flotase por encima de él. Esto hace que la figura de la mujer se nos antoje más irreal al mismo tiempo que resalta su voluptuosa forma y la viveza de su presencia en el lienzo. Es una belleza pura y objetiva, desinhibida y poseedora de un gran impacto visual. La presencia del vello púbico, que fue la causante del cierre de la exposición en la galería Berthe Weill, ya que según la policía fue un ultraje al pudor, supuso una gran diferencia frente a los desnudos antes reflejados en el arte. Casi siempre se muestran los cuerpos femeninos extendidos sobre camas, suelos y totalmente relajados en una exhibición sin miedo o vergüenza alguna. Sus retratos, a diferencia de los desnudos, mantienen oculta la identidad de la mujer convirtiéndose en más misteriosos y si cabe más melancólicos igual que la sombra de maldición que planeó sobre su genial don desde los tempranos años de su existencia.