‘La vida es extraña y rara’, nuevo disco de uno de los grandes ago06

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‘La vida es extraña y rara’, nuevo disco de uno de los grandes

LA EXTRAÑA VIDA RARA DE DON FERNANDO ALFARO

Presentamos las recetas con las que Fernando Alfaro muestra los entresijos de una cocina musical en la que brilla por talento y sinceridad.

Existen recetas de cocina que por más que nos esforcemos nos cuesta hacernos con ellas. Pongamos por caso, la realización de una pizza. La clave, dicen, está en la masa. Así que para que disfrutar de una buena cena es importante tener unas manos expertas que sepan mezclar los ingredientes. No obstante, no sólo llega con eso, sino que se necesita también algo llamado tiempo, reposo, pausa, paciencia. De todo este proceso hay mucho en la música de Fernando Alfaro. Sí, ese hombre de Albacete célebre por lo de la gasolinera en la que trabajaba, además de por ser una parte del alma de Surfin Bichos y fundador de Chucho, esa cosa sonora tan extraña y tan cojonuda.

Es uno de esos que trabajan al mando de los fogones ayudado por pinches de cocina, el último de ellos, Refree. Alfaro lleva años mezclando ingredientes para conseguir sacar recetas nuevas, cada cual más diferente, más insospechada. Unas veces más amargas, otras más intensas, otras más densas. Ni siquiera podríamos decir si fabrica polvorones o delicados flanecitos de huevo con vainilla. Los sabores de sus canciones van desde lo dulce a lo salado, de lo agrio a lo delicioso. Escúchese ese mundo de contrastes durante unas cuantas pasadas, -vuelta y vuelta no basta-. Déjese macerar un tiempo. Cuando la repruebe por quinta o sexta vez sentirá que se estaba perdiendo una de las delicias musicales de este país. Un cocinero de los clásicos, sin gusto por los excesos, pero valiente, un tipo de esos que mete los ingredientes en la sartén sin temor a quemarse las manos. Un señor al que no le parece mal que su nombre siempre esté en pequeñito en los carteles, al lado de otros que le deben mucho.

Ese cocinero ha madurado, crecido día a día, hostia a hostia, ha pasado a ser una especie de guía espiritual en un nuevo restaurante llamado Marxophone, donde debe haber trabajado a gusto dado el espléndido menú que se ha sacado de los fogones. Algo llamado: ‘La vida es extraña y rara’. Debe serlo cuando se atreve a comenzar esta obra con una nana macabra, un monólogo de alguien que es carnaza de los gusanos y que viaja a lo largo de ocho minutos en un turismo sin maletero. Dicen que esta receta la cocinó en un par de días oscuros en el interior de la habitación de un hotel, en algún momento trágico de su vida. Y es que a este artista las cuestiones de lo espiritual le sirven como condimento clave, a modo de especias: la huída del dolor (El último crooner santo), el sentimiento de culpa (Gol psicológico), la indignación ante la sociedad (Los héroes podridos), el reencuentro consigo mismo (camisa hawaiana de fuerza), la ausencia (El dolor del miembro fantasma), la falta de fuerza para vivir (Sin cobertura), la desidia (Himno del caminante kamikaze), la rabia (Hijo de Perra), los juegos familiares (Un viaje largo, largo). Todos ellos mezclados con multitud de simbolismos, con situaciones extrañas y raras, y que le sirven para confeccionar este impecable menú de diez canciones que para un servidor son de lo mejor que ha salido de las cocinas musicales en este 2011.

Por cierto, muy recomendable su menú carnívoro de Carnevisión, en aquel tiempo en el que freía hamburguesas junto a los Alienistas. Especialmente deliciosos eran los combinados ‘La muerte tostada por el sol’, ‘Problemas de sueño’, ‘Luz de Gas’ y ‘Con las manos en la sangre’ a golpe de ‘play’.