James Dean, mito del celuloide

EL REBELDE CON CAUSA

Su figura va más allá. Aún hoy en día se le reivindica como uno de los grandes iconos del séptimo arte.

James Byron Dean nace el 8 de febrero de 1931 en Marion, Indiana. A los pocos años se traslada a Los Angeles, pero a los nueve años y tras la muerte de su madre regresa a Indiana para vivir con sus tíos. Bajo la tutela de éstos, siente atracción por el mundo del teatro. Pisa California para estudiar interpretación en U.C.L.A. y tras trabajar en anuncios, series de televisión y obras de teatro en Broadway (como ‘See The Jaguar’ o ‘The Inmoralists’) acaba completando su formación como actor en el Actor’s Studio en Nueva York.

Tras unos títulos sin importancia como ‘Fixed Bayonets’ (¡Vaya par de marinos! -1951) de Sam Fuller, un film con Jerry Lewis y Dean Martin, ‘Has anybody seen my gal?’ -1952 dirigida por Douglas Sirk y ‘Un conflicto en cada esquina’ -1953 de Michael Curtiz), Elia Kazan lo contrata para trabajar en ‘Al Este Del Edén’ (1955), película basada en una obra de John Steinbeck. Su interpretación es tal que consigue ser nominado al mejor actor en la ceremonia de los Oscar de aquel año. ‘Rebelde sin causa’ (1955) de Nicholas Ray supone el espaldarazo definitivo y etapa final de su metamorfosis como gran actor. Con este film, su peculiar personalidad, mezcla de romanticismo de tintes trágicos y rebeldía exultante supone un referente básico para la juventud inconformista de la época que ve en él a su mejor representante. Tal vez su segundo nombre ‘Byron’ de modo subjetivo le imprimiese un aire atormentado, inmerso en la búsqueda constante de amor y respuestas no sólo en su vida privada sino también en la de los personajes que interpreta. El magnetismo de su rostro aniñado y travieso, su mirada miope, en continua actitud contemplativa cautiva a las cámaras.

Su testamento cinematográfico es ‘Gigante’ (1956) de George Stevens. La Warner Bros. aprovecha su popularidad y el notable éxito de su film anterior, para producir este largometraje. En los años 50, tres actores fundamentales se disputan el brillo de las estrellas hollywoodienses: Marlon Brando, Montgomery Clift y James Dean. La relación entre ellos supone un acercamiento por parte de Dean sobre todo hacia ‘Monty’ ya que se siente más identificado con el carácter sensible y atormentado de éste. Jimmy admira profundamente a Brando, se siente incluso intimidado en su presencia además de admirarle y poseer casi el mismo talento. La personalidad de Marlon le desborda. Con Monty Clift conversa a menudo por teléfono aunque nunca llega a conocerle en persona. A pesar de ello, cuando la muerte de Jimmy le es comunicada a Monty Clift, éste sufre un fuerte shock al no poder asimilar la fatal noticia.

Su segunda nominación al Oscar es póstuma ya que el 30 de septiembre de 1955 su Porsche Spider (apodado por él como ‘Little Bastard’) se estrella y la vida del actor queda sesgada. Nada más terminar el rodaje de ‘Gigante’, sufre un aparatoso accidente en Paso Robles, California, cuando se dirige a una carrera automovilística. Su pasión por la velocidad y los coches acaba con su prometedora y fulgurante carrera cinematográfica. De poco habían servido las prohibiciones de George Stevens a cerca de participar en carreras durante el rodaje, la multa por exceso de velocidad unas horas antes y paradójicamente, el anuncio en el que advertía del peligro de conducción temeraria en carretera.

Aunque al contrario de lo que se dijo en su día, Jimmy no iba especialmente rápido. El coche que se cruzó en su camino, se disponía a girar para tomar la carretera 41, no vio al Porsche y Dean, creyendo que el otro coche se detendría, impacta contra él rompiéndose el cuello.

Elizabeth Taylor, su compañera de reparto en el film, declaró: “Todo el que estuvo en contacto con Jimmy se dio cuenta de que su vida no sería igual otra vez. Sólo Dios sabe de dónde viene un espíritu como ése, que ilumina nuestras vidas como una estrella fugaz”. Su máxima de “sueña como si vivieras para siempre y vive como si fueras a morir hoy” en su caso se había cumplido.

Su verdadero amor, la actriz de origen italiano Pier Angeli, cuyos padres no aprobaban la relación al no ser Dean católico, se suicidaría años más tarde, en 1971, casada ya con el actor Vic Damone, dejando una nota en la que decía que jamás le había podido olvidar.

La desaparición de James Dean le encumbra a los altares de la mitología del siglo XX y supone un referente para toda la juventud de su tiempo, inconformista, que comienza a vibrar con el rock’n’roll y a exteriorizar sus conflictos internos a modo de protesta e inadaptación. Desde ese momento hasta la actualidad se convierte en un icono no sólo del panorama de celuloide sino también cultural.