El Principito, una obra cumbre nov27

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El Principito, una obra cumbre

ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY, EL SOÑADOR ENTRE LAS NUBES

El autor de El Principito fue uno de esos seres que sólo fueron felices a una altura considerable del suelo…

Está claro que cuando un escritor relata una historia basándose en vivencias propias, el resultado de aquello que describe es más veraz que una propia invención… o no. El caso de Saint-Exupéry obedece a una mezcla de ambas opciones.

Este aviador y literato francés nace el 29 de junio del año 1900 en la ciudad francesa de Lyon. De familia acomodada, Antoine Marie de Saint-Exupery, queda huérfano de padre (ejecutivo de seguros) a los cuatro años, quedando formada su familia por su madre -Marie de Fronscolombe- de gran sensibilidad artística y sus cuatro hermanos. En 1909 se trasladan a Le Mans y Antoine pasa a residir en un castillo de su tía en Saint-Maurice-de-Remens (cerca de un aeródromo que pronto despertaría su curiosidad por los aviones) donde disfrutaría de una infancia feliz. Estudia en un colegio de jesuitas en Villefranche y en un colegio marianista de Friburg, en Suiza donde vive durante dos años. Más tarde, debido al fracaso en el ingreso a la universidad, estudiaría arquitectura en la escuela de Bellas Artes. El servicio militar lo termina en 1921 pasando a ser piloto en Estrasburgo aunque no ejercería como tal hasta romper su relación con Louise de Vilmorin, que se oponía a dicha práctica. Sin embargo, desde el primer día en que contempló el mundo desde el cielo a los 12 años a bordo de una avioneta, supo que nunca más sería feliz a menos de dos mil metros del suelo.

Entre 1922 y 1926 pasa por diversos trabajos hasta que en el 26 es piloto comercial (ya como alférez) con vuelos regulares entre Toulouse y diversos destinos de África del norte. En ese año vería la luz su primer relato: “El Aviador” que aparecería en la revista “Navire D’Argent”. El mundo de la aviación parece cautivarle hasta el punto de lograr el puesto de director del campo de aviación de Cabo Juby, y ejerce sobre él una especial fascinación el desierto del Sahara. Esta etapa le hace merecedor de la Cruz de Caballero de la Legión de Honor por haber contribuido a la aviación comercial. “Correo del Sur” sería su primera novela fechada en 1929. En ella destaca el compañerismo de los pilotos de la línea postal. Su traslado a Argentina tendría lugar ese mismo año en donde llegaría a ser director de la Aeroposta. Consuelo Carrillo, artista y también escritora sería su mujer en abril del 31 cuando también publica “Vuelo Nocturno”, novela exitosa con prólogo de André Gide que conquista a crítica y público (cosa ciertamente difícil incluso hoy en día) y consigue el premio Fémina. Pero su matrimonio sería un fracaso debido a las continuas infidelidades por parte de Antoine. Unido a esto, la compañía aeropostal prescinde de él y el aviador-escritor vuelve a desempeñar diversos trabajos a lo largo de los años 30.

Sufre su primer accidente, como piloto de pruebas para Latécoère, en el desierto de Libia, en donde estuvo desaparecido durante cinco días y donde le encontraron medio muerto cuando trataba de batir el récord de velocidad entre París y Saigón (episodio de su vida que nos recuerda el comienzo de su novela más famosa). Tras este percance, dejaría en vida catorce patentes de inventos con los que buscaba la mejora de la seguridad en los aviones. Trabaja para el servicio de propaganda de Air France, escribe artículos desde Moscú para el Paris Soir e incluso cubre nuestra guerra civil para Intransigeant. Su segundo contratiempo, del que nunca llegaría a recuperarse, tiene lugar en Guatemala en 1938 en un vuelo desde Nueva York a Tierra de Fuego. Postrado en cama, escribiría “Tierra de Hombres” que recibe el Gran Premio de la Academia Francesa y el Nacional Book Award.

Al estallar la Gran Guerra forma parte del ejército pese a recomendaciones en contra. Cuando Alemania ocupa Francia, Antoine se marcha a Estados Unidos en busca de apoyos. Allí escribe “Piloto de guerra (Pilote de guerre)” (1942) y “Carta a un rehén (Lettre á un otage)” (1943).

Pero es en 1943 cuando aparece su obra cumbre: “El principito (Le petit prince)”, ilustrado por él mismo. Una fábula a modo de cuento infantil, traducida a más de cien idiomas y la obra francesa más vendida, en la que pone de manifiesto una melancólica crítica a un mundo dominado por el absurdo humano en el que surgen reflexiones sobre la vida. Una filosofía vital, optimista y esperanzadora pero al tiempo ingenua en la que, en palabras de una de sus muchas memorables citas, “lo esencial es invisible a los ojos”. Una llamada a la bondad, a los sentimientos nobles y a la lucha contra la mentira y las conductas corrompedoras del espíritu humano. Póstumamente aparecerían “La Ciudadela (La citadelle)” (1948) y “Carta a su madre (Lettres à sa mère)” (1955).

El 31 de julio de 1944, con más de 6.500 horas de vuelo a sus espaldas, pide su última misión y despega a las 8.15h del aeropuerto de Borgo, en Córcega, con el propósito de un reconocimiento de las tropas alemanas en Francia. Los radares perdien su rastro y Antoine nunca regresaría. Antes de partir, dejó escrito: “Si me derriban no extrañaré nada. El hormiguero del futuro me asusta y odio su virtud robótica. Yo nací para jardinero. Me despido, Antoine de Saint-Exupéry”.

Su avión se precipitó al Mediterráneo, cerca de Marsella, a 200 Km de su ruta, sin embargo el Lightning que pilotaba no se logró encontrar hasta que en 2004 se halla parte de su fuselaje. Recientemente un ex-piloto alemán afirmó su autoría en el derribo del avión pese a que no se encuentran signos de bala en él. Puede que fuese abatido por los nazis, puede que fuese un suicidio o quizá, simplemente, fue en busca de “su estrella”.