Desde Mirafiori hacia un lago artificial

El pop puro tiene un punto de sinceridad que puede parecer en ocasiones hasta ingenuo. No sé si la melodía de los créditos de David el Gnomo fue la primera incursión de un servidor en el pop. Cuando escuché por primera vez a Family evoqué esos recuerdos de la infancia, y con Mirafiori pasa lo mismo. Es inevitable que te traslade a recuerdos, gente que vimos por última vez y esos detalles casi insustanciales de la vida: ríos, lagunas, piscinas, estancias en un salón, salir de marcha, playas, viajes infinitos. Son sólo algunos de los focos de inspiración para crear letras imborrables.

Son uno de estos grupos melancólicos, o más bien la representación pública de su alter ego, Nacho Fernández. ‘No podemos volver a casa’ (Autopop, 2005) aparece tras varios años de lucha y constancia por parte de su creador. Un disco que nace de la necesidad de expresión de un artista que navega en la onda más pop. Las huellas son inevitables.

Probablemente éste no sea el mejor disco de pop de los últimos tiempos, pero sí fue o es un disco aguardado y deliciosamente cálido. Sobre todo teniendo en cuenta lo alto que apuntaban Mirafiori tras la publicación de su exitoso primer EP ‘Cinco minutos’, (Annika Records, 2001). La canción que da título al mismo es un ejemplo absoluto de canción pop. La historia de una pareja que fue y que vivió momentos comunes y conocidos por todos los mortales, y que inexplicablemente se abandona al devenir de la realidad: el amor se terminó. Pocas canciones pueden expresar tan bien los sentimientos de desesperanza y melancolía. Cautiva desde la primera escucha. Un himno en sí misma.

A partir de ahí, Mirafiori marcó el deseo de pequeños batallones de fans, el de ver qué más podrían ofrecernos en su puesta de largo. En 2005, tras años de complejos viajes espirituales se lanza el mencionado LP. Diez canciones pop nacidas de la mano de Nacho y con apoyo de Guille Mostaza (Ellos) y Reyes García-Miró (Portonovo). El disco se inaugura con un lago artificial por el que nos sumergimos. Una canción que habla del romanticismo, de la melancolía. Guitarras acústicas para imaginar las sensaciones que algún día fueron. Esplléndida.

Luego, Mirafiori nos llevan a la playa ‘Agujeros en la arena’. De nuevo aparece esa persona deseada, esa que nos seguirá hasta el fin de los tiempos. Pegadiza y melancólicamente alegre.

Y de ahí a la luna, donde “tú y yo nos alejaremos una vez más”. Nos preguntaremos porqué nos fuimos sin avisar. Allí nos quedaremos, dicen que por dentro está llena de oro. Un viaje por la órbita lunar. Quizás ahí es donde está ahora el proyecto Mirafiori. Desmantelado aparentemente, según las últimas informaciones.

Sí, a Mirafiori le gusta utilizar el pasado como forma verbal. Nos hablan de abandonos, de soledad, de desesperanza. Y todo ello impregnado de ritmos acústicos y alegres, de coros venidos del más allá. Como ‘Un acto de constricción’, que cierra un disco fluído que se descubre con escuchas no precipitadas. No obstante, es un disco un tanto irregular, compagina grandes canciones con temas excesivamente lineales y a veces carentes de ese chip que hacen captar la atención del oyente.

Son una buena forma de acercarse al mejor pop español. Si tiene usted una novia o un novio delicados del corazón… No lo dude. Inolvidables.