Anna Calvi, una crooner del siglo XXI ago06

Etiquetas

Artículos relacionados

Compartir

Anna Calvi, una crooner del siglo XXI

ENSOÑACIONES CON ANNA CALVI

Esta londinense de ascendencia italiana publica su primer disco después de varios EP´s que nada han de envidiarle. Se trata de una de las mayores y gratas sorpresas del panorama musical. El Music Hall no podrá disfrutar de su voz, pero el rock ha ganado una futura estrella, ¿Qué exagero? Pasen y lean…

Con ceño fruncido, expresión huraña y mirada fulminante, así imagino a la londinense Anna Calvi ante la encrucijada en la que se ve un periodista al preguntarle por P.J Harvey como una influencia o algo más. Pero ha de saber la artista que no por reiterada una pregunta es más inadecuada, aunque debería conocer el periodista que quizás lo que atribuye el don de la inoportunidad al interrogante es la obviedad de la respuesta.

Borro de mi imaginación la escena y dejo de figurarme en el papel del inoportuno periodista para centrarme en el disfrute de Anna Calvi (Domino Records – 2011), primer álbum de esta voz portentosa nacida en Londres en 1978. Y es que este primer largo, precedido de diversos EP´s que no lo desmerecen (Jezebel/Moulinette – 2010, Desire y Blackout, ambos publicados en 2011 y los tres editados por Domino Records) es tan sorprendente a la primera escucha como imperecedero a las ulteriores.

Se trata Anna Calvi de una ARTISTA (mayúsculas intencionadas) tan completa como extraña en los tiempos que corren, una especie de Marlene Dietrich (parecido también físico) con oportunidad de haberse empapado de la discografía de Leonard Cohen, Johnny Cash, Nick Cave, Polly Jean Harvey… pero que ha crecido en la década de fulgor de Siouxsie and the Banshees y Echo & the Bunnymen.

Caracteriza el disco homónimo de la londinense una voz de ésas que eriza las entrañas del ser humano más insensible, acompañada de una guitarra de sonido atemporal rasgada por ella misma y rodeada de los instrumentos necesarios, sin que sobre ni falte nada. Así en “first we kiss” se acierta a adivinar que surgen violines desde algún lugar impreciso, en “the devil” (una de mis canciones favoritas desde hace años) las percusiones son tan sutiles que no interrumpen ese chorro de voz surgido del averno, ¿o sale del cuerpo de la pálida cantante?. En “blackout” las percusiones metálicas embellecen más lo inmejorable, y así me desharía en halagos eternos si no fuera porque las ensoñaciones con poder entrevistarla vuelven a nublar mi entendimiento.

Vuelvo a la realidad y en este momento suena “I´ll be your man”, se me vuelve a poner la piel de gallina por lo que paso a aligerar el ambiente haciendo sonar “Desire”, quizás una de las canciones menos oscuras del álbum en la que, paradójicamente su voz más se asemeja a la de Siuxie Sioux.

Con ganas de ir finalizando tanto revuelo emocional viene lúcidamente a mi raciocinio la siguiente idea: si Brian Eno y Nick Cave la apoyan, la BBC afirma que su música es “lo más grande desde Patti Smith” y David Bowie se deshace en halagos hacia ella, algo tendrá, no será cosa mía. Y si para completar a la ARTISTA, añadimos además el atractivo personal que emana y la particular estética que la rodea, no sólo en la indumentaria sino en la decoración de los escenarios en que toca, me atrevo a vaticinar que en breve estaremos ante una cantante que pasará a ocupar las primeras líneas del cartel de grandes festivales. ¿Estamos ante la Édith Piaf del siglo XXI? Escuchen Anna Calvi (2011), háganlo con diversos estados emocionales y luego opinen.