John Kennedy Toole, el Pulitzer tardío mar04

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John Kennedy Toole, el Pulitzer tardío

EL CREADOR DEL ‘DON QUIJOTE’ AMERICANO

Se supone que al recibir un premio, siempre es mejor estar vivo, sobre todo para poder saborear el reconocimiento de una obra que ha sido creada con talento, entusiasmo y dedicación, como es ‘La Conjura de los Necios’

John Kennedy Toole, a pesar de haber sido uno de los escritores más ingeniosos y lúcidos del siglo XX, no pudo hacerlo. El rechazo por parte de la editorial Simon And Schuster trastocó su existencia. Argumentaron que su libro ‘La conjura de los necios’ “no trataba realmente de nada”, aunque posiblemente, Toole había metido el dedo en la llaga. Al perder la esperanza de ver publicada su novela, que el consideraba una obra maestra, comenzó a deteriorarse rápidamente. Vendrían las borracheras y el descuido de sus tareas profesionales, el insoportable abrazo de la depresión y la sensación de fracaso; hechos que le conducirían al suicidio por inhalación de gases del tubo de escape de su coche el 26 de marzo de 1969, en Biloxi, Mississippi, a los 31 años. La nota de suicidio que dejó fue destruida por su madre, que dio explicaciones confusas sobre su contenido original.

El ‘Quijote de New Orleans’ en escultura

Algunos biógrafos señalan como posible factor en su depresión una supuesta confusión sobre su sexualidad. Quizá el carácter dominante de su madre y la sensación de no estar a gusto consigo mismo le habían impedido expresar sus sentimientos hacia el sexo femenino. Desde su nacimiento en New Orleans el 17 de diciembre de 1937 mantiene una estrecha relación con su madre, que moldearía el carácter de éste influyendo en su personalidad. Magnífico estudiante, logra excelentes calificaciones en la escuela, llegando a licenciarse en literatura inglesa por la Universidad de Columbia. Su trabajo como profesor en la de Louisiana y su participación en el ejército, donde en Puerto Rico ejerció de docente impartiendo lengua inglesa, componen su vida en la década de los sesenta. Al término del servicio militar, vuelve a su hogar para dar clases en el Dominican College, recorre el barrio francés French Quarter con músicos, y al menos en una ocasión, trabaja en la venta de tamales en un puesto callejero. Poco tiempo después se licencia con honores en la Universidad de Tulane. Trabaja fugazmente también en una fábrica de ropa masculina; experiencias que sin duda influirían su gran obra. Es el momento en el que empieza la gestación de ‘La Conjura de los Necios’. El carácter satírico de la novela permanece de manera inalterable en la actualidad. Obra desternillante y mordaz, no exenta de amargura; vibra a medida que descubrimos la actividad de los acontecimientos. Las peripecias de Ignatius J. Reilly (cuya estatua puede ser vista en la calle Iberville 800 en New Orleans) están caracterizadas hasta el extremo más delirante, lo que nos acerca al personaje y nos hace partícipes de su histrionismo exacerbado.

El reflejo de las costumbres de las clases populares, la devoción religiosa frente a su visión pragmática de las cosas, sus peculiares modales, su especial atuendo y el miedo al comunismo tan típico de la época están plasmados en una gran exhibición de resignación, incomprensión o condescendencia con el mundo que rodea al personaje. El fantasma de Mark Twain parece planear sobre el Mississippi en ciertos pasajes del libro. Su personaje principal obedece al prototipo de hombre pasmado ante lo que le rodea, desubicado e incómodo ante la sociedad en la que vive y a la que no quiere pertenecer. En el prólogo de la obra, en el que Walker Percy relata cómo cayó la novela en sus manos, cita a Don Quijote. El “paralelismo” con Ignatius queda latente en la ironía y delirio personal que destila su particular y radical visión del mundo; el patetismo de algunas de sus actividades y la arrogancia con la que se desmarca de la vulgaridad e incomprensión que le aguarda agazapada en cada esquina. Defiende los valores ya desaparecidos o infectados de decadencia, un nihilismo desternillante y también un ideal utópico, en continua relación con todo aquello que le rodea.

Tras la desaparición de Toole, su madre luchó por la publicación de esta obra de la que Walter Percy escribió el prólogo al ceder por fin a las insistentes llamadas de ella tratando de convencerle. Al fin, las carcajadas de Percy mientras se veía cada vez más inmerso en la atractiva lectura constituyeron la prueba definitiva de que estaba ante una obra de un gran talento. La publicación en 1980 por la Universidad de Louisiana tuvo un éxito inmediato. Gana el premio Pulitzer de ficción en 1981 y el premio a la mejor novela de lengua extranjera en Francia el mismo año, convirtiéndose en un enorme éxito comercial con la adoración por parte de la crítica.

Más tarde, publicada en 1989 de manera póstuma tras problemas legales, aparecería ‘La Biblia de Neón’ escrita por Toole a los 16 años con anterioridad a su obra maestra, que versa sobre un adolescente y su tía Mae así como su relación con una población del sur de los Estados Unidos dominada por el fanatismo religioso.